LÍNEAS/MESAS TEMÁTICAS

LISTADO DE LÍNEAS TEMÁTICAS (TRACKS)

1. Economía Social y Ética: un Nuevo Pacto Empresa-Sociedad.

Coordinador/es: Comité Organizador.

En esta línea se considerarán todas las  propuestas relacionadas con la temática general del congreso.

2. Contratación pública responsable.

Coordinador/es: Mercedes Luque-Vílchez y Rosa Fernández-Pérez.

La contratación pública es una “política pública” que representa, aproximadamente, en España el 19% del PIB. Actualmente desempeña un papel clave en la Estrategia Europa 2020, como uno de los instrumentos de mercado que deben utilizarse para conseguir un crecimiento inteligente, sostenible e integrador, garantizando al mismo tiempo un uso más eficiente de los fondos públicos. Este desarrollo sostenible que se impulsa desde la Unión Europea quiere lograr, a largo plazo, una sociedad más próspera y justa, que promueva un medio ambiente más limpio, seguro y sano, una sociedad que permita una mayor calidad de vida, para nosotros y para las generaciones futuras. Para conseguirlo, es necesario que el crecimiento económico apoye al progreso social y respete el medio ambiente, que la política social sustente los resultados económicos y que la política ambiental sea rentable. Esto, aplicado a la contratación pública,
significa que la legislación en esta materia debería tener en consideración, junto a su finalidad económica primordial, las preocupaciones medioambientales y sociales. Dentro de esta estrategia se enmarca la nueva normativa europea en materia de contratación pública (Public Procurement), concretada en las Directivas 2014/23/UE, 2014/24/UE y 2014/25UE, del Parlamento y Consejo Europeo. Estas directivas consideran que la contratación pública es un elemento clave en la “Estrategia Europea 2020”. Así la Directiva 2014/23/UE, por ejemplo, remarca lo siguiente:

“La contratación pública desempeña un papel clave en la Estrategia Europa 2020 (…) como uno de los instrumentos basados en el mercado que deben utilizarse para conseguir un crecimiento inteligente, sostenible e integrador, garantizando al mismo tiempo un uso más eficiente de los fondos públicos (…)”.

En España estas directivas se han transpuesto en la Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público. Esta ley incorpora numerosas novedades tendentes a lograr una visión estratégica de la contratación pública, más eficiente, transparente y responsable. Uno de sus principales avances consiste en el cambio de visión, sustituyendo un enfoque exclusivamente economicista en la lógica contractual por una apuesta por aspectos cualitativos, consistente en la incorporación preceptiva de cláusulas ambientales y sociales en los contratos públicos. La inclusión de cláusulas sociales abarca numerosos aspectos, como la inserción laboral, personas con diversidad funcional, promoción de la calidad y estabilidad en el trabajo, conciliación de la vida laboral y familiar, etc.). Así, el apartado tercero del artículo 1 de la Ley 9/2017 al comentar el objeto y la finalidad de esta ley, establece que:

“En toda contratación pública se incorporarán de manera transversal y preceptiva criterios sociales y medioambientales siempre que guarden relación con el objeto del contrato, en la convicción de que su inclusión proporciona una mejor relación calidad precio en la prestación contractual, así como una mayor y mejor eficiencia en la utilización de los fondos públicos”.
En este marco, los contratos o compras públicas deben aprovechar las competencias del sector privado para lograr mayor eficiencia y potenciar el desarrollo de mercados innovadores en las materias sociales y medioambientales.

Unido a este objetivo de sostenibilidad y apreciando la importancia y la relevancia de estas empresas en el tejido empresarial español, se establecen en esta normativa parámetros de contratación que promueven el acceso de estas empresas a la contratación pública.

Por todo ello, la contratación pública representa más que un medio para el aprovisionamiento de bienes y servicios (Bernal Blay, 2008; Retolaza et al., 2015), y a la función principal de adquirir bienes y servicios para la prestación de servicios, se le añade una segunda función: la de actuar como regulador e incentivador de ciertas dinámicas responsables y éticas en el sector privado. Este hecho fundamenta la necesidad de estudiar las posibilidades que ofrece la vigente legislación comunitaria para integrar los aspectos sociales y medioambientales en la contratación pública para conseguir que dichos aspectos sean un objetivo claro para las empresas.

3. Ética en la Investigación en Economía y Empresa.

Coordinador/es: Leire San-Jose y Elsa González-Esteban.

Se están en la actualidad desarrollando, o mejor aún, limitando los límites de los componentes éticos en investigación aplicada, tanto en su proceso metodológico, como en la propia publicación de los resultados. La ética y la investigación siempre han estado unidas, pero su desarrollo ha venido de las áreas en las que los seres eran objeto de estudio; la biología o medicina; o los componentes personales eran alterados con objeto de realizar los análisis oportunos (psicología, sociología por ejemplo).
En la gestión, se puede decir que la Academy of Management ha fomentado en los últimos años el desarrollo de la ética entre el profesorado de gestión empresarial y economía (véase Antonacopoulou, 2002). Posteriormente, muchos trabajos han ido estudiando e incorporando la ética en la investigación como elemento clave y necesario (Cooper, Schindler & Sun, 2006).
En esta línea existen trabajos como el de Greenwood (2016) que ponen en evidencia que trasladar la ética en la investigación médica a la ética en la investigación social (se han realizado varios trabajos en esta línea, véase Bamber y Sappey 2007; Haggerty 2004 o Tolich y Fitzgerald, 2006), empobrece las ventajas de lo social, principalmente porque aunque sean las personas las que se utilicen como instrumentos de comunicación, las respuestas, al menos en una parte de las investigaciones se hace sobre las organizaciones, lo que significa que son entes jurídicos.
Está es una gran diferencia que debe incorporarte a la ética en investigación sobre la gestión empresarial. Así en este track me gustaría poder realizar un trabajo en colaboración con todos aquellos que asistan realizando un miniDelphi en el que se recojan al menos las opiniones sobre varios temas en dos o tres rondas. El objetivo del Delphi es el consenso (San-Jose y Retolaza, 2016; 2018), si llegamos a tener cierto consenso, al menos en algunos aspectos sobre la ética en la investigación en el área de la gestión empresarial, lograremos dar ejemplo. Para ello, mi idea sería que todos y todas las interesadas participarán no tanto en formato de presentación de trabajos, que también; pero en formato de contribuir a tomar decisiones sobre qué es ética en la investigación empresarial y qué no lo es. También el planteamiento sería lograr establecer cierto consenso sobre los principales valores que nos gustaría resaltar en EBEN como organización de ética en la empresa que es.

4. Ética de la Inversión Sostenible.

Coordinador/es: Anna Bajo.

El crecimiento que la Inversión Sostenible viene experimentando en los últimos años está justificado por diversos factores: un mayor interés de los consumidores por premiar a las empresas más responsables, mejoras en eficiencia de recursos propiciadas por la incorporación de la sostenibilidad en la gestión, oportunidades de negocio vinculadas a la Sostenibilidad, mejor control de riesgos,…

Aquellos inversores que toman sus decisiones con criterios no sólo económicos sino también no financieros (a través de una inversión de impacto o, al menos, considerando criterios ASG -ambientales, sociales y de gobierno) quieren medir el retorno y el impacto que este tipo de inversión está generando. Pero no resulta sencillo medirlo. La disparidad de estándares es muy amplia y, lo que nos preocupa desde la perspectiva ética, es conocer si estas inversiones están realmente transformando la gestión empresarial haciéndola más responsable y alineada con la Sostenibilidad.

En este track, tienen cabida, por tanto, investigaciones que ayuden a la comunidad académica y a la sociedad, en general a:

– Mostrar el estado de la cuestión de la Inversión Sostenible.
– Entender las motivaciones de los inversores responsables.
– Valorar éticamente las métricas y mecanismos de evaluación de la Inversión Sostenible.
– Conocer en qué medida esta inversión consigue transformar la gestión de las empresas.

5. Ética, Inteligencia artificial y empresa 4.0.

Coordinador/es: Elsa González Esteban y Patrici Calvo.

Actualmente, la empresa se halla inmersa en un proceso de transformación sin precedentes. Se trata de la tendencia a la total digitalización de todos los procesos implicados en su actividad —productivos, administrativos, decisorios, comunicativos, asistenciales, formativos, etc.— para optimizar sus recursos, minimizar su exposición a la incertidumbre, mejorar su competitividad y maximizar su beneficio, entre otras cosas. Para ello, la empresa se apoya en diversas y versátiles tecnologías de aplicación como el Internet de las Cosas (IoT) para la hiperconectividad de todo en tiempo real; el Big Data para la recopilación, procesamiento y transformación de los datos físicos y comportamentales en
información relevante y conocimiento aplicable, y la Inteligencia artificial (AI) para la gobernabilidad de los procesos y actividades.

No obstante, a pesar de la potencialidad que atesora el proceso de transformación digital de la empresa, los continuos casos de mala praxis relacionados con el uso ilícito de los datos, el sesgo conductual de los sistemas inteligentes, la disolución de la responsabilidad del dataismo económico o la obsolescencia humana que subyace al absolutismo tecnológico está generando un intenso debate sobre los conflictos, límites y las consecuencias de la smart business o empresa 4.0.

Este track pretende ahondar en los restos éticos de la smart business o empresa 4.0 con el
objetivo de extraer posibles orientaciones para el desarrollo de una digitalización
empresarial socialmente responsable y moralmente válido en todos sus ámbitos de
aplicación.

6. Enseñanzas sociales de la Iglesia en economía y empresa.

Coordinador/es: Domènec Melé.

La doctrina o enseñanza social de la Iglesia (DSI) católica proponen una ética “amiga de la persona” que comporta la inviolable dignidad de la persona humana, así como el valor trascendente de las normas morales naturales (cf. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 45). Sustenta también que la justicia afecta a todas las fases de la actividad económica, porque en todo momento tiene que ver con el hombre y con sus derechos (Ibidem, 37), al tiempo que defiende el cuidado del medio ambiente (Francisco, Laudato si). Alaba la vocación de empresario, pero condena los abusos empresariales. Defiende la ética empresarial, pero advierte de la necesidad de discernimiento, ya que algunas propuestas pueden ser contrarias a la justicia y al verdadero bien del hombre. Presenta sólidos principios, criterios y directrices de acción, pero ¿cómo se hacen efectivos en la empresa actual?
Existen ya diversos trabajos sobre las enseñanzas de la Iglesia en economía y empresa, y, el interés por su estudio ha aumentado en los últimos años. Sin embrago, el campo de investigación es muy amplio y no pocas cuestiones siguen pendientes de estudio. Entre ellas un efectivo diálogo entre estas enseñanzas y teoría de la dirección y de la organización.
En este track se aceptarán trabajos innovadores y rigurosos sobre temas relacionados con las enseñanzas sociales de la Iglesia en la empresa actual. A título orientativo, se sugieren algunos temas:
– Propuestas actuales y enseñanzas de la Iglesia sobre el propósito de la empresa
– Características del liderazgo empresarial cristiano
– Dirección de empresas y virtudes cristianas
– Discernimiento de propuestas de ética empresarial desde las enseñanzas de la Iglesia
– Dirección de empresas desde el humanismo cristiano
– Enseñanzas de la Iglesia y cambio climático
– Empresa y erradicación de la pobreza
– Trabajo con significado y desarrollante.
– DSI y teorías de dirección y organización de empresas
– DSI en dialogo con estudios sociológicos sobre la organización

7. Sostenibilidad medioambiental y estrategia corporativa.

Coordinador/es: M. Dolores Guerrero-Baena y José A. Gómez-Limón.

En la actualidad, las empresas se consideran organizaciones integradas en el seno de la sociedad, que interactúan con todos los agentes de su entorno, tratando de crear valor o riqueza compartida para todos los grupos de interés o stakeholders. Lejos queda la visión de la empresa como un ente aislado, separado de la sociedad, y generador únicamente de riqueza financiera para sus accionistas, tal y como defendía la teoría económica neoclásica. La nueva concepción de empresa se integra en el actual enfoque pluralista de la teoría de los stakeholders (Freeman, 1984; Ackermann y Eden, 2011), postulando que las empresas, además de maximizar su rentabilidad y minimizar sus riesgos (demandas económicas de los accionistas), deben satisfacer, en mayor o menor medida, las demandas de los demás grupos de interés (trabajadores, consumidores, acreedores, administraciones públicas, organizaciones no gubernamentales o sociedad en general) al objeto de asegurar su sostenibilidad a largo plazo. Todas estas demandas pueden ser de naturaleza económica, social o ambiental, y se traducen, en la práctica, en la concreción de objetivos corporativos, tales como establecer unas condiciones económicas favorables en todos los eslabones de la cadena de suministro, mejorar la satisfacción y la motivación del capital humano, incorporar la variable medioambiental en la estrategia empresarial, fomentar la transparencia en la información y en la comunicación tanto interna como externa o el impulso en general de las demás variables de la responsabilidad social de la empresa.

Dentro de este contexto general, la sostenibilidad medioambiental corporativa está cobrando en los últimos años un papel relevante en el conjunto de demandas de los
stakeholders, encuadrada en el marco definitorio de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de la ONU. La creciente preocupación social por el medioambiente (cambio climático, conservación de biodiversidad, etc.), estimulada en gran parte por las consecuencias negativas del cambio climático, exige una serie de acciones y comportamientos medioambientales sostenibles a las empresas. La utilización de tecnologías productivas limpias o menos contaminantes que las tradicionalmente empleadas, el uso de energías renovables, la participación en cadenas de valor sostenibles o la mejora de la eficiencia energética de las industrias son algunos ejemplos de estas nuevas prácticas que las empresas pueden implementar al objeto de reducir la contaminación generada y conseguir una gestión más sostenible de los recursos.

En este sentido, la literatura científica ha constatado que las estrategias de sostenibilidad de carácter medioambiental adoptadas por las empresas generan, no sólo beneficios para el medioambiente, sino también ventajas competitivas y valor para las empresas (Hart, 1995; Aragón-Correa y Sharma, 2003). La reducción de los costes operativos, la disminución de los riesgos derivados de los posibles incumplimientos de la normativa medioambiental, así como, en general, de los riesgos reputacionales, la diferenciación de los competidores, la mejora de la imagen corporativa o el preferente acceso a la contratación y a las ayudas públicas son algunos de los beneficios que la adopción de una estrategia de sostenibilidad medioambiental puede aportar a las empresas. Además, muchas organizaciones encuadran sus estrategias medioambientales en los denominados “sistemas de gestión ambiental”, siendo los estándares más conocidos la ISO 14001, propuesto por la Organización Internacional para la Estandarización (ISO, por sus siglas en inglés), y el estándar europeo EMAS (Eco-Management and Audit Scheme).

Los sistemas de gestión ambiental consisten en un conjunto de políticas internas, evaluaciones, planes y acciones de implementación que afectan a la organización en su conjunto, al objeto de mejorar el comportamiento medioambiental de las empresas (Darnall et al., 2008). Estos sistemas son cada vez más reconocidos como mecanismos sistemáticos y amplios para mejorar, no sólo el desempeño y la actuación medioambiental corporativa, sino también el desempeño económico y social de la organización. En esta línea se enmarca el principal objetivo de este track: avanzar en la discusión y el análisis de la sostenibilidad medioambiental como elemento fundamental de la estrategia de responsabilidad social de las empresas, al objeto de conseguir organizaciones empresariales cada vez más sostenibles y responsables desde la perspectiva medioambiental.

8. Sostenibilidad en los sistemas agroalimentarios: desde el agricultor al consumidor.

Coordinador/es: Melania Salazar Ordóñez y Macario Rodríguez Entrena.

Fueron Davis y Goldberg (1957)1 quienes por primera vez introdujeron el concepto de agribusiness en el estudio de los sistemas agroalimentarios, estableciendo que el análisis agroindustrial integraba al sector agrario, la industria alimentaria y la distribución. Esta nueva orientación se difundió desde finales de los años 70, quedando ampliamente aceptada en la literatura. Así, en la actualidad, se puede considerar que el sistema agroalimentario está compuesto fundamentalmente por el sector agrario, el sector industrial o industria agroalimentaria y el sector de la distribución, que responden a distintas fases de la cadena de valor. En España, la importancia económica de este sistema es muy elevada alcanzando, en el año 2018, su valor añadido bruto total el 5,8% del total de la economía (sin incluir la fase de distribución) y el 9,2% incluyéndola (Maudos y Salamanca, 2019). Además de aportar el 6,2% (sin incluir la fase de distribución) del empleo total a nivel España, contribuyendo al 9,4% de las exportaciones agroalimentarias de la Unión Europea (EU) de los 28 (Maudos y Salamanca, 2019).

No obstante, y además de esta relevancia económica, los actuales Objetivos de Desarrollo
Sostenible (ODS), programados por la ONU dentro de la Agenda 2030, ya señalan la necesidad de alcanzar objetivos como garantizar modelos de consumo y producción sostenibles (Objetivo número 12), siempre promoviendo una agricultura sostenible y con la necesidad de lograr la
seguridad alimentaria y mejorar la nutrición (Objetivo número 17). En este sentido, el grupo HLPE (2014) indica que un sistema agroalimentario sostenible es aquel que proporciona seguridad alimentaria sin poner en peligro para las generaciones futuras las bases económicas, sociales y ambientales que a su vez generan dicha seguridad alimentaria. Esta necesidad de sostenibilidad se ha recogido a nivel de la UE, donde se ha establecido la prioridad de que la economía contribuya también a alcanzar objetivos medioambientales y sociales (Comisión Juncker, 2019) a través de políticas públicas que incentiven la protección de la naturaleza, la bioeconomía o prevengan las pérdidas y el desperdicio de alimentos. Así, los sistemas agroalimentarios se encuentran en un momento clave como actores fundamentales de esta trasformación que deben responder a los retos del futuro, siendo la agricultura la actividad principal que se desarrolla y trasforma el entorno natural, mientras que la industria y distribución alimentaria pueden tener un elevado impacto ambiental en términos de emisiones de gases contaminantes, así como el consumo de agua y energía, siendo la distribución y el consumo los responsables principales de las pérdidas y el desperdicio de alimentos que en Europa alcanza un valor máximo de 280‐300 kg anuales per cápita (HLPE, 2014).

Por todo ello, la mejora del conocimiento sobre los diferentes aspectos vinculados con la
sostenibilidad (económica, social y/o ambiental) del sistema agroalimentario y sus distintas fases, así como sobre el consumo alimentario, se hace fundamental para poder alcanzar
progresivamente un sistema de producción y consumo alineado con los ODS y la estrategia de la UE a largo plazo.

9. Responsabilidad social y reputación corporativa.

Coordinador/es: Esther de Quevedo Puente y Pablo Rodríguez-Gutiérrez.

La reputación corporativa, entendida como el conjunto de juicios de valor que los diferentes actores sociales pueden tener sobre una determinada organización (Wei, 2002) determinan hoy en día un pilar fundamental que legitima la actividad económica empresarial y lleva a determinar la propia supervivencia en el tiempo de las organizaciones llegándose a conformar como uno de los más valiosos activos intangibles de una organización. En este sentido, el desarrollo de acciones de responsabilidad social corporativa (RSC) ofrece entre otros muchos beneficios ser reconocida por el público por las diferentes acciones que llevan a cabo (Kurucz, Colbert and Wheeler, 2008), lo que
termina por determinar una mejora de la percepción pública y por lo tanto ayudar a construir una ventaja competitiva.

Sin embargo, las organizaciones deben buscar formas de hacer uso de sus actividades de RSC. De esta forma, entre las más importantes problemáticas en relación con la gestión reputacional se encuentran la existencia de importantes asimetrías de información entre las organizaciones y sus grupos de interés (Healy y Palepu, 2001) lo que dificulta la capacidad de acción de estos (Rindova, Williamson, Petkova y Sever, 2005) y genera desconfianza en el conjunto de la sociedad. Por lo tanto, convertir buenas prácticas en un beneficio reputacional estratégico es de gran valor.

Como parte fundamental para la construcción y mantenimiento de una buena reputación corporativa es esencial el papel que desempeña la RSC. Es este sentido, la RSC se presenta como elemento vertebrador de las buenas prácticas empresariales que desempeña la organización y que tiene un efecto significativo en la construcción de una estrategia reputacional exitosa para la organización (p.e. Brønn y Vidaver-Cohen, 2009; Fombrun, 2005).

En esta línea se enmarca el principal objetivo de este track: avanzar en la discusión y el análisis de la RSC como elemento fundamental de la estrategia reputacional empresarial, al objeto de fomentar en las organizaciones una adecuada conexión entre el desarrollo y la comunicación de actividades éticas para con su entorno.

10. Turismo gastronómico, ética y responsabilidad social.

Coordinador/es: Manuel Rivera Mateos y Ricardo David Hernández Rojas.

El sector turístico, en general, ejerce una gran influencia y presenta múltiples relaciones sociales y económicas sobre otras actividades generadoras a su vez de riqueza. Por otra parte, se trata de un sector con un potencial de crecimiento importante y que tiene una vertiente social determinada por el contacto permanente y directo con los clientes y con la comunidad a la que atiende. Además, es el motor de crecimiento de algunas zonas rurales y deprimidas.

Por tanto, a lo anterior, se justifica en tres grandes bloques las diferentes aportaciones académicas a realizar en materia de ética y responsabilidad social. En primer lugar dado que el sector turístico es imagen del destino y para el turista final puede ser un factor determinante en la elección de un destino que se cumpla con la responsabilidad social (Kastenholz,2009)(Martos,2011); Esta es una forma de fomentar el valor del destino junto a la lealtad y repetición del mismo (Pulido-Fernández & López-Sánchez, 2016)., en segundo lugar, al tener implicados numerosos stakeholder hace de efecto multiplicador y en tercer lugar porque mediante la responsabilidad social y ética la empresa turística se asegura valores como el cuidado al medioambiente y sostenibilidad los cuales son puntos esenciales hoy en día.

11. Nueva Teoría de Firma y Contabilidad Social.

Coordinador/es: Jose Luis Retolaza.

La teoría microeconómica ortodoxa se contruye al margen de la ética, lo que tiene por consecuencia una separación entre la esta y la teoría de firma resultante. Reconciliar ambas exige el desarrollo de una nueva teoría de firma y posiblemente la reconstrucción de la microeconomía tal y como la conocemos. En esta deconstrucción y la contabilidad social se presenta como un instrumento capaz de cnectar la teoría con la realidad, salvando el problema de ingobernanza de Jensen (2002). El Track se propone recoger aportaciones que supongan un avance en relación a los planteamientos ortodoxos, pero que puedan estar llamados a transformarse en futuros planteamientos ortodoxos.

12. La deontología profesional en las empresas y organizaciones éticas.

Coordinador/es: Rafael Cejudo.

La deontología y la ética del trabajo desempeñan una función importante en la provisión de servicios y productos de calidad. Además, son impulsores de la excelencia en cualquier tipo de organizaciones. Aquellas empresas o instituciones que se propongan un compromiso serio con la ética (ya sea a través de objeto de negocio, de su forma jurídica como entidad de economía social o simplemente de su responsabilidad social), deberían fomentar el comportamiento ético de su personal y el conocimiento y cumplimiento de la deontología profesional que sea de aplicación.

Este track pretende ser un punto de encuentro para las investigaciones sobre ética profesional y su relación con la empresa, prestando atención a asuntos como los siguientes: las relaciones de complementariedad, pero también de conflicto, entre la autonomía empresarial y la autonomía profesional; la incorporación de la economía ética en el ethos profesional; las tensiones entre las exigencias de los códigos deontológicos profesionales y los imperativos de la eficiencia económica; la función de las virtudes profesionales en la economía social; la contribución de la excelencia profesional al liderazgo.

13. La Empresa como Comunidad de Personas: Propósito Compartido y Orientación al Bien Común

Coordinador/es: Rafael Morales Sánchez y Pablo Ruiz Palomino.

La teoría de la empresa, en concreto la Teoría de Agencia (Jensen y Meckling’s, 1976), concibe a la empresa como un nexo de contratos que sirve de marco para establecer las relaciones contractuales entre los individuos. En el mismo sentido, la definición tradicional de empresa como “unidad económica de producción” obvia el carácter fundamental de cualquier organización que es la existencia de un grupo de personas implicadas en un proyecto común. Sin embargo, para que el proyecto de empresa funcione a largo plazo se requiere que el grupo de personas devengue en una comunidad que esté movida no solo por un objetivo empresarial, sino animada por el propósito de alcanzar el bien común propio de esa empresa.
Krause (2001) señala tres elementos básicos para la existencia de una comunidad: pertenencia, entendida desde la subjetividad como “sentirse parte de” e “identificarse con”; interrelación, es decir, comunicación, interdependencia e influencia mutua de los miembros; y, cultura común, es decir, la existencia de significados compartidos. Sin pertenencia puede haber una relación contractual que vincule a las partes, pero no surge el compromiso propio de una comunidad. Del mismo modo, sin interdependencia puede haber relación, pero no unidad. Por último, los significados compartidos incluyen los valores en común que determinan la vinculación intelectual, emocional y afectiva a la empresa.
Varios factores pueden impedir la construcción y desarrollo de las conexiones humanas necesarias para la creación de una comunidad de personas. En primer lugar, las relaciones entre empleado y empleador se están mercantilizando de manera que cada vez es más difícil atraer talento a las organizaciones y, lo que es más importante, retenerlo. Las nuevas generaciones de trabajadores presentan menor compromiso organizacional y mayores tasas de rotación e intención de abandono de la empresa. En segundo lugar, la globalización y el aumento desmesurado del tamaño de las empresas pueden ser factores que favorezcan la desaparición de los vínculos personales dentro de las empresas actuales. Además, en la actual situación de pandemia, el teletrabajo está siendo una necesidad, más que una oportunidad, para muchas empresas y trabajadores. Sin embargo, implantar el teletrabajo, aunque puede acarrear aumentos de productividad a corto plazo, conlleva la desafección con la empresa y los compañeros y puede generar problemas psicológicos entre los teletrabajadores.
Una vez considerada la empresa como un “comunidad de personas”, el objetivo de esa comunidad se convierte en promover el bien común de la misma. Sison y Fontrodona (2013) han definido el bien común de la empresa como “trabajo colaborativo, en la medida en que proporciona, primero, una oportunidad para desarrollar conocimiento, habilidades, virtudes y significado (trabajo como praxis), y segundo, en la medida en que produce bienes y servicios para satisfacer las necesidades y deseos de la sociedad (trabajo como poiesis)”.
El objetivo de este track es reflexionar sobre el concepto de empresa y su propósito. Para ello se propone una reflexión sobre la empresa como una comunidad de personas orientadas al bien común de la propia empresa y de la sociedad en la que se incardina.
A título orientativo, algunos de los temas que tienen cabida en este track son:
– La empresa como comunidad de personas: pertenencia, interrelación y cultura común
– Valores compartidos en la organización
– Reflexión sobre el concepto de empresa y el papel de las personas en la organización
– Confianza y compromiso como garantes de la empresa como comunidad
– El propósito de la empresa
– La orientación de la empresa hacia el bien común
– Determinación de los objetivos empresariales en concordancia con el bien común

14.¿Cómo las empresas de inspiración ética pueden contribuir a un nuevo pacto entre empresa y sociedad?

Coordinador/es: Profesor Dr. Carlos M. Moreno

Las empresas de inspiración ética pueden ser elementos para impulsar acuerdos, consensos, realidades compartidas para un mejoramiento de la sociedad y el bien común. Desde las empresas de inspiración ética se pueden abrir tanto espacios internos como externos para impulsar esos acuerdos entre las mismas y la sociedad en su conjunto. Reflexionar desde la teoría y la práctica nos puede ayudar a perfilar mejor en qué dirección y con qué sentido se pueden llevar a cabo esos nuevos pactos entre empresa y sociedad.

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